Convertir una contrariedad en una posibilidad.

Así evitaremos que los acontecimientos nos afecten.

Una antigua historia comercial cuenta que un vendedor de zapatos visitó, por vez primera, determinada aldea, y, desalentado, envió un telegrama a la fábrica:

 «No hay mercado. Toda la gente va descalza».

Sin embargo, otro vendedor, después de visitar la misma aldea, envió un telegrama distinto.

Decía: «Aquí hay grandes posibilidades. Nadie usa zapatos, aún».

El poeta Campoamor decía:

«Nada es verdad ni mentira. Todo es según el color del cristal con que se mira».

¿Con qué cristal vemos las cosas que nos están pasando, hoy? El hecho de que hoy nos sintamos dichosos o desgraciados no va a depender, tan sólo, de los acontecimientos en sí, sino de nuestra actitud ante estos hechos. Acostumbrémonos, pues, a agarrar lo que nos pasa por el lado que nos quema. Veamos cuánto de positivo tiene cualquier situación que nos ocurra. Utilicemos, para ello, el control del color adecuado.

Autor:Silver

Claramente, solo existe un Final, el regreso a Casa, para el caminante que decide vivir la vía esotérica tradicional.

Por el contrario, existen múltiples caminos que, como afluentes, terminan desembocando en el mismo Río del Destino Final.

En diversos opúsculos esotéricos se indica que la Vía de oriente solo sirve para los orientales y la Vía de occidente solo para los occidentales.

Esto es cierto solo en parte dado que, como vimos en el párrafo anterior todos los caminos del laberinto, independientemente de su recorrido más o menos sinuoso, terminan en el mismo sitio: Todos los Caminos conducen a Roma.

Lo cierto es que, incluso genéticamente, los seres humanos estamos más capacitados para seguir una vía u otra dependiendo de muchos factores, tales como nuestras circunstancias personales o nuestra carga kármica anterior. Generalmente, por no decir siempre, el Espíritu decide el lugar de nacimiento que más le conviene en cada circunstancia; y por lo tanto, si vivimos en un país occidental es porque la vía a seguir debería de ser la propia y al contrario sucede lo mismo.

Se ha banalizado demasiado cuando se indica que la vía de oriente trata sobre el debilitamiento de la personalidad y que la de occidente, por el contrario, su potenciación. En este caso ambas vías son correctas; pero hay un falso entendimiento, de parte de los occidentales, cuando nos acercamos a los caminos de oriente. Entrar dentro de la Vía oriental sin tener una preparación previa sería como saltarse uno o varios Cursos lectivos en la Escuela.

La Personalidad del Ser Humano, habitualmente, se encuentra desestructurada formando pequeños islotes que suelen ser conocidos como yoes entre los que existe una permanente lucha por preponderar, cada uno de ellos, sobre los demás. En esas circunstancias, no puede tomar, la personalidad de turno, las riendas de la destrucción del Ego, pues de ese modo, con mucha probabilidad sería ella misma la ejecutada por el resto de sus hermanas, no consiguiendo otra cosa que mantener al Ser Humano en un permanente caos de luchas intestinas.

La Vía del Camino oriental del Taoísmo, por poner un ejemplo bien conocido, solo es válida cuando la Personalidad está perfectamente cohesionada. Es decir, cuando cada uno de los islotes se ha fusionado entre sí formando un todo singular. Eso, generalmente, se da por hecho en la vía oriental y es por ello que aparece la presunta contradicción con la vía occidental y la caída de algunos ingenuos en caminos largos, sinuosos y que parecieran no llevar a ningún lugar. Poniendo un símil con el Camino de Santiago sería como comenzarlo en algunos de los múltiples orígenes dentro de la Península Ibérica.

En la vía esotérica occidental no se presupone que la personalidad se encuentra cohesionada y es por ello que el Camino, la Vía, comienza por la potencialización de la cohesión de la personalidad hasta conseguir que solo sea uno el interlocutor que deba responder ante la metanoía, señal, que viene directamente del Pleroma, el Mundo Original, para ayudar al nacimiento primero y crecimiento, después, de la rosa mística que es el Hombre original Verdadero. Utilizando el mismo símil del Camino de Santiago vendría a ser como comenzarlo en Roncesvalles, Francia.

La Personalidad nunca ha dejado de ser más que algo provisional y necesario, a modo de cuerpo ortopédico, para que algún día el Ser Original tome posesión de ella y junto a ella, modificar a todo el ser humano desde el mismo interior hasta transformarlo en el Ser Humano definitivo que siempre existió.

Pero es sobre ella, la Personalidad, el Ego, sobre quien recae la responsabilidad de decidir, primero qué camino tomar y segundo el comportamiento a seguir en la Vía. El Espíritu, en nosotros, no deja de ser más que una semillita holográfica, una chispita dormida y que será la Personalidad la encargada, primero de abrir una vía para que la Señal electromagnética que viene del Pleroma pueda contactar con el Espíritu del durmiente y después en ir alimentándolo con su propia esencia. Ese acto se conoce como Endura, suicidio de la Personalidad, a favor del Nuevo Hombre por nacer; pero según va muriendo, la personalidad, va siendo rescatada por el propio Espíritu, durante su proceso de crecimiento, y preservada como vehículo eterno, formando al final un único Ser.

 ARALBA

Gracias Antonio Ruiz Alba “ARALBA” ( escritor, creador de blogs, bloguero, fotógrafo, todo un renacentista), por tu aportación mediante este artículo a este blog; que lo ha cedido altruistamente para su publicación y difusión.

Es  una obra debidamente catalogada en El Registro de la Propiedad Intelectual, ruego a todos los lectores del Blog y que tuviesen la intención de publicarlo en sus páginas o distribuirlo por cualesquiera otros medios, que estén autorizados por Aralba, siempre y cuando no haya un trasfondo de conseguir beneficio económico alguno, de forma directa o indirecta.

Por otro lado, también es necesario que indiquen la autoría del trabajo, es decir, ARALBA.

LA LUZ DE TU CANDIL

Publicado: 1 diciembre, 2011 en Pensamientos

Hoy, con mejor cara, me dispongo a escribir, a expresar mis pensamientos.

Pensamientos que se agolpan, y que se amontonan, que son muchos y diversos, que son  parte de mí.

En estos días, de nuevo he vuelto a reafirmarme en el poder de la energía compartida, del amor compartido, del cariño compartido, de la amistad compartida, del vínculo invisible que nos une a todos.

A veces en la soledad uno cae en su propio abismo, en su oscuridad  y negatividad; aparenta exteriormente firmeza, seguridad, y aplomo, pero por dentro está hecho añicos, roto. Es pesado llevar a las espaldas los problemas y las preocupaciones. Es la mochila que se incorpora a nosotros, lo deseemos o no. Momentos de incertidumbre, momentos que todos vivimos en algún momento, esos momentos en que te preguntas porque a mí, porque a ella, porque a nosotros.

El refugio de la soledad, se convierte en el reducto de uno mismo, te excluyes de todo y empiezas a ser  interiormente la nada.

Quien se haya sentido así alguna vez, sabe lo que es, y cada cual lo vive como mejor puede, o sabe.

Pero, … siempre está la luz del candil, la luz que cada ser lleva, y siempre está lo mejor de cada ser humano para dar esa luz.

En estos meses, y especialmente en estos días, la luz de vuestros candiles, ha llegado más que nunca, ha sido luz firme, segura, positiva, una luz llena de mucha energía, que la hemos recibido y nos ha llegado con un mensaje claro…” adelante, aquí estamos, no estáis solos”.

Ha sido tanto lo que hemos recibido, que no sabré (sabremos) nunca como devolveros vuestro incondicional apoyo, como agradeceros que estuvieras ahí, acompañándonos.

Se dice que quien tiene un amigo tiene un tesoro, pues bien, yo puedo estar más que feliz, pues dispongo del mayor tesoro que puede tener una persona, y el mejor, vosotros, mis amigos… que  brilláis y dais luz,  que lo dais todo y no pedís nada a cambio. Mi candil brilla más que nunca gracias a vuestra luz.

También quiero agradecer a mi familia más cercana todo el apoyo recibido, todo cuanto han hecho y harán.

A veces nos olvidamos por el camino que no estamos solos, pero circunstancias y situaciones nos dicen que el camino está repleto de personas que nos acompañan, que nos quieren… y que tú  acompañas y quieres.

Gracias por ser Candiles, por ser parte, por estar.

A todos, os envío mi cariño, agradecimiento, respeto y admiración.

Este humilde e insignificante Candil, os desea lo mejor y la mayor felicidad, en lo que hagáis y seáis.

Silver

Siddhartha Gautamá (Lumbiní, hacia el siglo V – siglo IV a. C.) también llamado Shakiamuni (śākya-muni, el ‘sabio de los shakia’) fue un importante religioso nepalí considerado el último buda histórico y fundador del budismo.

  • Siddhartha Gautamá (nombresáncrito).
  • सिद्धार्थ गौतम बुद्ध (en letra devanagari del sánscrito).
  • Siddattha Gótama (en idioma pali).

En idioma sánscrito, el término buddha (बुद्ध) significa ‘despierto, iluminado, inteligente’.

Es una figura religiosa sagrada para dos de las religiones con mayor número de adeptos, el budismo (fue fundador del dharma budista y primer «gran iluminado») y el hinduismo (en el que se lo considera como la novena encarnación del dios Visnú, de acuerdo al Garuda purana y la vigesimoprimera y penúltima según el Bhagavata purana hacia el siglo XI d. C.).

Aunque existen muchas leyendas, se concuerda en que fue un líder religioso conocido como Siddhartha Gautamá. Vivió en una época de cambio cultural en que se atacaban los procedimientos religiosos tradicionales de la India. Fue uno de los reformadores que dio un impulso renovador en el ámbito religioso dhármico que se propagó más allá de las fronteras de la India y terminó transformándose en una de las grandes religiones del mundo, el budismo

Datación

Buda vivió a finales de lo que se conoce como periodo védico, esto es, cuando se fijó la composición del texto sagrado hinduista Rig-veda (creado hacia el 1500 a. C.).

La tradición considera que vivió entre el 543 (566 según otros) y el 478 a.C. aproximadamente.

El budismo posee su propio calendario lunar, que se inicia en el 543 a. C.

Sin embargo, publicaciones recientes no aceptan esa datación y fijan su muerte entre el 420 y el 368 a. C.

Primeros años

Estatua de Gautamá mostrando el mudrá del vashra (rayo). Originalmente de Gandhara (siglo II), actualmente en poder del Museo Nacional de Tokio.

Nacimiento

Siddharta nació en el seno de una familia noble del clan de los shakia. Su lugar de nacimiento fue en Lumbiní, el reino de Kapilavatthu, una aldea del Terai (en el actual Nepal) que está a los pies de los montes Himalayas.

Según la tradición oral, Śuddhodana, el padre de Siddhartha, era el rey que gobernaba el clan de los shakia. Por este motivo Buda también es conocido como Shakia Muni (śākya-muni, el ‘sabio de los shakia’).

Su madre Maia Deví era una de las esposas del rey. Siddhartha fue el nombre escogido para el recién nacido, que significa ‘la meta perfecta’ o ‘la meta de los perfectos’. La reina Maia, madre de Siddhartha, murió justo al nacer su hijo, que fue educado por su tía Payapati

Según la tradición oral, poco después de su nacimiento fue visitado por el brahmán Asita, un asceta de gran reputación por su sabiduría y por sus dotes para interpretar presagios. El sabio brahmán profetizó que Siddhartha llegaría a ser un gran gobernante o un gran maestro religioso, lo que consternó a Śuddhodana, que quería que su hijo siguiera sus mismos pasos y que un día le sucediera en el trono. Por ello su padre lo protegió de la dureza de la vida, fuera de palacio, para evitar que el hijo desarrollara su tendencia hacia lo espiritual. Pensó que el mejor modo de evitarle la tendencia a la religiosidad consistía en impedirle toda experiencia con el lado amargo de la vida, de modo que creó en torno de él una vida llena de placeres y con el menor contacto posible con el sufrimiento de la realidad.

Dice la leyenda que Maia fue fecundada por un pequeño y bello elefante provisto de seis colmillos que hirió delicadamente su regazo sin causarle dolor. Al nacer, el pequeño Siddhartha habría aparecido ante su madre sobre un loto mientras una suave lluvia de pétalos caía sobre ambos, y dijo: «Triunfaré sobre el nacimiento y la muerte y venceré a todos los demonios que hostigan al humano».

Según otra versión, Maia soñó una noche que un pequeño elefante con seis cuernos y cabeza de color rojo rubí bajaba del cielo y entraba en su vientre por el lado derecho. Ocho sacerdotes le explicaron a su esposo que el niño sería santo y alcanzaría la sabiduría perfecta. Más tarde ella salió al jardín con sus sirvientas y caminó bajo un árbol sala, el cual se inclinó. La reina se colgó de una rama y miró a los cielos. En ese momento Siddhartha surgió de su lado.

Dice también la leyenda, que cuando Gautamá nació recobraron la vista los ciegos, los sordomudos hablaron y una música celestial llenó el mundo.

Infancia y juventud

Los primeros 29 años de la vida del príncipe Siddhartha Gautamá Buddha transcurrieron completamente ajenos a toda actividad espiritual, siempre vivió con su familia. Los detalles de la infancia y juventud de Siddhartha narran una vida rodeada de enorme lujo y comodidad. Recibió la mejor educación y formación posibles en su tiempo.

Siddhartha comenzó a sentir curiosidad por conocer cómo eran las cosas en el mundo exterior y pidió permiso a su padre para satisfacer su deseo. Śuddhodana accedió, pero preparó la salida de su hijo ordenando que despejaran las calles de toda visión que pudiera herir la sobreprotegida conciencia del príncipe. No obstante, sus cuidadosos arreglos fracasaron pues Siddhartha, aclamado por la multitud a su paso por las calles, no pudo dejar de percibir el dolor bajo sus formas más agudas, por primera vez se percató de la vejez, enfermedad y muerte.

Búsqueda espiritual

Siddharta Gautamá representa a la perfección el concepto de «búsqueda espiritual» según las antiguas creencias, sobre todo de naturaleza oriental. Es decir, el incansable esfuerzo interno o la catarsis que conduce a la unión liberadora con la divinidad o nirvana y por la que todos los seres humanos tarde o temprano se verán obligados a realizar (autorrealización) para alcanzar algún día la iluminación, después, eso sí, de experimentar las necesarias y aleccionadoras reencarnaciones. Asimismo, la figura de Siddharta convertido finalmente en el Iluminado (o Buda) viene a expresar la idea mística de que el camino hacia la propia luz y por consiguiente la obtención de la paz interior implica enorme sacrificio y suele comenzar con una provocadora e inquietante duda.

Abandono del hogar

La historia de Barlaam y Josafat nos cuenta que el descubrimiento de la vejez, la enfermedad y la muerte fue traumático para Siddhartha. Se dio cuenta de que también él estaba sujeto al mismo sufrimiento y su ánimo se tornó sombrío, pues se preguntaba cómo alguien podía vivir en paz y felicidad si esto era lo que le deparaba la vida. En una nueva salida al exterior, el príncipe vio a un anacoreta, un monje mendicante, del cual se sintió impresionado por su carácter apacible. Decidió adoptar, también él, la vida de los monjes que vivían en extremo ascetismo, pasando antes unos años como mendigo.

Siddhartha vivió como un príncipe hasta los 29 años; luego abandonó su hogar, dejando atrás a su esposa y a su hijo. Partió con la cabeza rapada y ataviado con un vestido amarillo de itinerante, sin dinero ni bienes de ninguna clase, en busca de la iluminación. Más tarde descubrió que todo extremo es malo.

Maestros

En su camino, Siddharta aprendió de la mano de cuatro diferentes maestros. Con ellos aprendió diferentes técnicas de meditación y logró altos estados de conciencia. En esencia, las distintas ideas que examinó Siddharta intentaban redefinir la unión del individuo (Atman) con un absoluto (Brahman) para así lograr la liberación. Pero a pesar de sus grandes logros con estas prácticas, no encontró en ellas satisfacción para sus preguntas. Entonces, en un intento por doblegar totalmente al mundo sensorial, Siddharta probó a someterse a austeridades tan extremas que casi ocasionaron su muerte, pero aun así tampoco encontró solución a su problema. Por esto decidió investigarlo de una manera nueva y diferente.

Aprendió dos cosas de suma importancia: primero, que el ascetismo extremo no conducía a la liberación total, sino que era preciso algo más; y segundo, que, alcanzado cierto punto, ningún maestro era capaz de enseñar nada más. Siddhartha partió decidido a no seguir buscando fuentes externas de sabiduría, sino a encontrarlas dentro de sí mismo.

Una versión mítica de esta etapa de su vida nos dice que Siddhartha, en sus extremas prácticas de ascetismo, después de algunos días sin comer ni beber agua, pocos minutos antes de su muerte, escuchó a un maestro que estaba enseñándole a una niña a tocar la cítara. Dicho maestro le dijo que si la cuerda estaba muy floja no sonaría, pero si la cuerda de la cítara se encontraba muy tensa se rompería: la cuerda debía estar en su justa tensión para que pudiera dar música y armonía. En ese momento Siddharta comprendió el camino del medio: tanto el ascetismo extremo como la vida de placeres del palacio eran dos extremos, y la verdad se hallaría en la justa medida entre el placer exacerbado y el ascetismo extremo.

Nirvana

Al final de su periplo Siddhartha caminó en un lugar llamado Bodhgaya, en el estado indio Bihar, hasta sentarse bajo la sombra de un árbol llamado bo o bodhi (ficus religiosa), considerado el árbol de la sabiduría.

Una noche de luna llena decidió no levantarse hasta que hallara la respuesta al sufrimiento. Pasó varias semanas debajo de este árbol. Como empezó una terrible tormenta, de debajo de las raíces del árbol surgió Muchilinda, el rey de los nagas (serpientes), se enroscó alrededor de Gautamá y lo cubrió con su caperuza. Finalmente Gautamá tomó conciencia de que ya se había liberado definitivamente. Comprendió las Cuatro Nobles Verdades. Ya no pesaba sobre él la ilusión del falso yo: su verdadero ser estaba más allá de las dualidades del aferramiento y la repulsión; había trascendido el espacio y el tiempo, la vida y la muerte. Comprendió que nunca más volvería a renacer, que había roto el eterno girar de la rueda del samsara. Esto es el Nirvana.

Contando para entonces 35 años, según la leyenda, Siddhartha despertó de sus meditaciones como un Buda (‘despierto’, ‘iluminado’) y siguió sentado bajo el árbol bodhi durante cierto tiempo, disfrutando de la dicha de la renunciación, de la liberación. Después empezó a enseñar sobre el nirvana a quien le oyera; fundando lo que se conoce en Oriente como Buddha-Dharma (la enseñanza del buda); en occidente se conoce más comúnmente como el budismo.

Paranirvana (muerte)

Siddhartha Gautamá murió a los 80 años de edad. La causa fue una intoxicación alimenticia que le produjo vómitos, hemorragias y grandes dolores que, según los testimonios, soportó con gran entereza. Finalmente, se recostó en un bosque de mangos en Kushi Nagara, a unos 175 kilómetros al noroeste de Patna. Allí, rodeado de sus discípulos, alcanzó la paz eterna de la extinción completa, el para nirvana. Este es un estado al que solo acceden después de morir los que han alcanzado el nirvana durante su vida. Antes de expirar dijo el Nirvana Sutra, donde resume toda su enseñanza y aclara los puntos que él vio que no estaban bien comprendidos.

Tras su muerte

El budismo prácticamente desapareció de la India hace mil años, aunque recientemente está reviviendo. Asimismo, la enseñanza se expandió hacia el sur a Sri Lanka y el sudeste de Asia, donde la forma theravada de budismo aún sigue floreciendo. También se difundió al norte al Tíbet, China, Mongolia y Japón. Las formas majaianas de budismo se practican en estos países, aunque en el último siglo han sido bastante relegadas debido al comunismo y al consumismo. En el último siglo el budismo se ha difundido en Occidente.

Buda, el concepto

El término proviene del sánscrito बुद्ध, buddha: ‘inteligente’, ‘iluminado’. Etimológicamente deriva del verbo budh: ‘despertar, prestar atención, darse cuenta, entender, recuperar la conciencia después de un desmayo’. Según el budismo, Buda es la denominación que reciben aquellos individuos que han realizado su naturaleza bodhi.

Siddharta Gautamá, Buda, se considera «el Buda de nuestra era», uno de los budas principales que definen eras cíclicas de enseñanza y olvido del dharma (la verdad; la naturaleza de la realidad, de la mente, de la aflicción del ser humano y del camino correcto para la liberación).

Debido a ciertas malas interpretaciones muy comunes, se debe enfatizar que Buda no es Dios. Esto no solo lo aseguró el mismo Buda Gautamá, sino que la misma cosmología budista hace esta distinción al afirmar que el estado del budha únicamente lo pueden lograr los seres humanos (pero no se limita a esta humanidad en particular), en quienes reside el mayor potencial para la iluminación.

Siddharta Gautamá también afirmó que no existen intermediarios entre la humanidad y lo divino. Devas (dioses o ángeles), humanos y demonios se rigen por el karma, cuyas leyes dictan que la compasión y el amor por la existencia generan provecho tanto para las demás criaturas como para el que las ejerce, purificando su karma. El Buda es tan solo un ejemplo, un guía y un maestro para aquellos seres que deben recorrer la senda por su cuenta, lograr el despertar espiritual y ver la verdad y la realidad tal como son. El sistema budista de filosofía y práctica meditativa no fue una revelación divina, sino más bien el entendimiento de la verdadera naturaleza de la mente y tal entendimiento puede ser descubierto por cualquiera. Es el adentrarse en la realidad lo que se logra al comprender que la ignorancia puede eliminarse.

Buda en otras religiones

Buda Gautamá
Buda  
Precedido por Kasyapa  
Sucedido por Maitreya  
Avatar de Vishnú  
Precedido por Krishna  
Sucedido por Kalki  

 

En general, Buda es considerado una de las figuras más importantes de la historia religiosa humana al lado de Jesucristo, Mahoma y demás grandes reformadores religiosos. Si bien Buda es la figura central del budismo, no es exclusiva de él.

  • Para los hindúes, Buda es la novena y penúltima —y la más reciente— encarnación de Visnú, precedida por Krishná y seguida por Kalki , es decir, es un avatar del hinduismo.
  • El caodaísmo lo considera uno de los profetas de Dios.
  • La teosofía, como otras escuelas esotéricas, consideran a Buda uno de los mayores iluminados.
  • Los budistas chinos le adoran como El Fo, dirigiéndose a él como Fot tchou.
  • El maniqueísmo lo incluía entre los predecesores de Mani al lado de Moisés, Jesús y Zoroastro.
  • Para el bahaísmo, Buda es una de las nueve representaciones de Dios sobre la Tierra.
  • La Iglesis de la Unificación de Moon lo considera uno de sus profetas.
  • Los raeliamos lo consideran uno de los supuestos clones extraterrestres destinados a guiar a la humanidad.
  • La cienciología lo considera, junto con Jesús, uno de los clear, aquellas personas que han logrado ponerse en contacto con su alma extraterrestre.

 

 

FRIEDRICH NIETZSCHE, PENSADOR Y FILÓSOFO

Publicado: 16 noviembre, 2011 en Pensamientos

Friedrich Wilhelm Nietzsche (Rocken, cerca de Lutzen, 15 de octubre de 1844 – Weimar, 25 de Agosto de 1900) fue un filósofo, poeta, músico y filólogo alemán, considerado uno de los pensadores modernos más influyentes del siglo XIX.

Realizó una crítica exhaustiva de la cultura, la religión y la filosofía occidental, mediante la deconstrucción de los conceptos que las integran, basada en el análisis de las actitudes morales (positivas y negativas) hacia la vida. Este trabajo afectó profundamente a generaciones posteriores de teólogos, filósofos, sociólogos, psicólogos, poetas, novelistas y dramaturgos.

Meditó sobre las consecuencias del triunfo del secularismo de la Ilustración, expresada en su observación «Dios ha muerto», de una manera que determinó la agenda de muchos de los intelectuales más célebres después de su muerte.

Si bien hay quienes sostienen que la característica definitoria de Nietzsche no es tanto la temática que trataba sino el estilo y la sutileza con que lo hacía, fue un autor que introdujo, como ningún otro, una cosmovisión que ha reorganizado el pensamiento del siglo XX, en autores tales como Michel Foucault, Jacques Derrida, Martin
Heidegger o Deleuze entre otros.

Nietzsche recibió amplio reconocimiento durante la segunda mitad del siglo XX como una figura significativa en la filosofía moderna. Su influencia fue particularmente notoria en los filósofos existencialistas, críticos, fenomenológicos, postestructuralistas y postmodernos y en la sociología de Max Weber. Es considerado uno de los tres «Maestros de la Sospecha» (según la conocida expresión de Paul Ricoeur), junto a Karl Marx y Sigmund Freud.

Conceptos clave

Hay una controversia sobre si Nietzsche abogaba por un único punto de vista de comprensión filosófica. Muchos cargan contra Nietzsche por la contradicción de sus pensamientos e ideas.

Una tesis alternativa en la contradicción de los escritos de Nietzsche es el de la perspectiva, o la idea de que Nietzsche usaba múltiples puntos de vista en su trabajo como un medio para retar al lector a considerar varias facetas de un tema. Si uno acepta su tesis, la variedad y número de perspectivas sirven como una afirmación de la riqueza de la filosofía. Esto no quiere decir que Nietzsche viera todas las ideas como igualmente válidas. Tenía aspectos en los que no estaba de acuerdo con respecto a otros filósofos como Kant. Tampoco está claro dónde se posicionaba Nietzsche en cada tema. De cualquier modo, si uno mantiene los elementos en conflicto de sus escritos como algo intencionado o no, hay pocas dudas de que sus ideas siguen siendo influyentes.

Algunos filósofos han asignado al estilo aforístico de Nietzsche como el responsable de estas aparentes contradicciones en su pensamiento, llegando a decir por ejemplo que «hay tantos Nietzsches como lectores». Esta afirmación resulta excesivamente cómoda ya que sólo pretende facilitar la explicación de las contradicciones sin intentar desentrañar su sentido final.

Nihilismo y muerte de Dios

Para Nietzsche, la sociedad se encuentra sumida en un profundo nihilismo que ha de superar si no quiere ver su fin. El nihilismo (que tiene distintas formas) es un advenimiento de unas repetidas frustraciones en la búsqueda de significado, o más precisamente, «la desvalorización de los valores supremos». El nihilismo en Nietzsche se refiere al proceso histórico que surge en el reconocimiento de un valor sumo y termina en la asunción o reconocimiento de múltiples cosas valorables, al volverse inoperante lo que antes se mostraba como lo supremo. El nihilismo acontece en nuestro tiempo como manifestación de la ausencia de una medida única y, al mismo tiempo, como la proliferación de múltiples medidas que, en cada caso, pueden aparecer como válidas. Nietzsche ve en el despliegue del nihilismo toda fundación de cultura europea, la que surge como destino necesario de este proceso. La visión religiosa del mundo había sufrido ya un gran número de cambios por perspectivas contrarias, cayendo en el escepticismo filosófico, y en las teorías científicas evolucionistas y heliocéntricas modernas, lo que no hace más que confirmar la desvalorización de los valores supremos. A lo ya señalado, hemos de sumar una creciente presencia de lo democrático, la que se muestra como la afirmación de una individualidad independiente de Dios y acreedora de la igualdad, de la medianía. La democracia aparece, a los ojos de Nietzsche, como un momento del despliegue del nihilismo igualmente negador de la vida que los que la antecedieron. Ambas manifestaciones del nihilismo se muestran a Nietzsche como negaciones de la vida en la medida en que niegan u olvidan dimensiones de ella que a su vista aparecen como constitutivas de ella, como inalienables a lo que a él se le aparece como vida. Estas dimensiones negadas de la vida se muestran en ámbitos tan determinantes como el constante darse del devenir y las diferencias entre los hombres.

Nietzsche ve esta condición intelectual como un nuevo reto para la cultura europea, lo que se ha extendido, asimismo, más allá de un pequeño punto de no-retorno. Nietzsche conceptualiza esto con su famosa frase, «Dios ha muerto», que aparece en La gaya ciencia y en Así hablo Zaratustra. Esta frase fue dada también por Hegel veinte años antes de que Nietzsche naciera. Este aforismo, por una parte, señala el fin de eso que antes aparecía como lo imperante, y por otra, indica un terreno fértil, un terreno inexplorado, en el cual el propio Nietzsche es un colono. A partir de la frase «Dios ha muerto», Nietzsche se refiere tanto a la ceguera del pasado en tanto incapacidad de ver esto, como a la asunción de una nueva posibilidad de relacionarse con lo que es, posibilidad dada por la asunción de dicha muerte.

Nietzsche trata esta frase más que como una mera declaración provocativa, casi como una revelación, como si representase el potencial de nihilismo que arrastra el alzamiento y el progreso, en el contexto de un concepto absurdo y sin significado.

Según Nietzsche, el hombre europeo descendiente de los hiperbóreos ha de asumir la gran e inevitable consecuencia de la muerte en la sociedad occidental de Dios, del Dios judeo-cristiano, el vengativo y cruel Jehová. La consecuencia de la muerte de Dios es que los valores vigentes en la sociedad occidental se vienen abajo ellos solos, según el nihilismo, o no se vienen abajo sino que los hombres los destruimos. Según Nietzsche la superación del nihilismo se producirá cuando el Übermensch imponga los nuevos valores de la moral de señores, destruyendo los valores de la moral de esclavos. Resumiendo, destruimos los valores de los hombres para poner en su lugar los valores del Übermensch, que ocupará el lugar de Dios.

Moral de señores y moral de siervos

Nietzsche piensa que hay dos clases de hombres: los señores y los siervos, que han dado distinto sentido a la moral. Para los señores, el binomio «bien-mal» equivale a «noble-despreciable». Desprecian como malo todo aquello que es fruto de la cobardía, el temor, la compasión, todo lo que es débil y disminuye el impulso vital. Aprecian como bueno, en cambio, todo lo superior y altivo, fuerte y dominador. La moral de los señores se basa en la fe en sí mismos, el orgullo propio.

Por el contrario, la moral de los siervos nace de los oprimidos y débiles, y comienza por condenar los valores y las cualidades de los poderosos. Una vez denigrado el poderío, el dominio, la gloria de los señores, el esclavo procede a decretar como «buenas» las cualidades de los débiles: la compasión, el servicio —propios del cristianismo—, la paciencia, la humildad. Los siervos inventan una moral que haga más llevadera su condición de esclavos. Como tienen que obedecer a los señores, los siervos dicen que la obediencia es buena y que el orgullo es malo. Como los esclavos son débiles promueven valores como la mansedumbre y la misericordia. Critican el egoísmo y la fuerza.

Enfoque etimológico

La crítica de Nietzsche a la moral tradicional se centraba en la tipología de moral de «amo» y de «esclavo» y en la descripción de la dinámica que generan; esta dinámica o dialéctica debe ser conocida por los «espíritus libres» para conducir a la humanidad a su superación: una sucesión de continuas superaciones — la moral deja de ser algo cerrado para ser visto como una dinámica de morales yuxtapuestas y reconocibles en la dinámica de las lenguas. Examinando la etimología de las palabras alemanas gut («bueno»), schlecht («malo») y böse («malvado»), Nietzsche sostuvo que la distinción entre el bien y el mal fue originalmente descriptiva, o sea, una referencia amoral a aquellos que eran privilegiados (los amos), en contraste con los que eran inferiores (los esclavos). El contraste bueno/malvado surge cuando los esclavos se vengan convirtiendo los atributos de la supremacía en vicios. Si los favorecidos (los «buenos») eran poderosos, se decía que los sumisos heredarían la Tierra. El orgullo se volvió pecado. Caridad, humildad y obediencia reemplazaron competencia, orgullo y autonomía. Clave para el triunfo de la moral de esclavo fue su presunción de ser la única verdadera moral. La insistencia en la absolutidad (Absolutheit) es esencial tanto en la ética religiosa como filosófica. Aunque Nietzsche dio una genealogía de la moral de esclavo y de amo, siempre sostuvo que esta genealogía era una tipología histórica de rasgos en toda persona.

Voluntad de poder

La voluntad del poder (der Wille zur Macht) es un concepto altamente controvertido en la filosofía nietzscheana, generando intenso debate e interpretaciones varias, algunas de las cuales, como la notoria interpretación dada por los intelectuales nazis, fueron intentos deliberados de justificación de tácticas políticas.

Una manera de abordar este concepto es por medio de la crítica nietzscheana a la teoría de la evolución de Darwin. Nietzsche veía en los instintos una fuerza que iba más allá del sólo impulso a sobrevivir, protegerse y reproducirse de todos los seres vivos, de sólo ser esto la vida se estancaría. La supervivencia era una de las consecuencias de un deseo aún mayor, impulso hacia una supravivencia, un deseo perpetuo de todo ser vivo por ir más allá de todos, el todo y hasta más allá de sí mismo, más allá de la muerte. Este impulso irracional o deseo perpetuo por expandirse impreso en cada ser es lo único que da sentido a la existencia, paradójicamente «razón de ser» y es la fuerza principal dentro de la visión trágica o dionisíaca de Nietzsche.

Las teorías posteriores de Sigmund Freud respecto al inconsciente probablemente fueron inspiradas en gran parte por los conceptos de lo Dionisíaco y la voluntad de poder, las cuales Freud relacionó a los instintos sexuales primitivos, por encima de cualquier otro instinto, y su represión y control excesivo por el consciente o parte Apolínea del ser como generadores de la histeria y otras dolencias.

Amor fati y eterno retorno

La idea del eterno retorno ha sido tratada como un concepto importante en Nietzsche por muchos, aunque no en todos los intérpretes.

Nietzsche encuentra la idea en los trabajos de Heinrich Heine, quien especulaba que llegaría el día en el que la persona volvería a nacer con el mismo proceso de él mismo, y con el mismo en todas las demás personas. Nietzsche expandió este concepto para formar su teoría, la cual resaltó en La gaya ciencia y desarrolló en Así habló Zaratustra. En las lecturas de Nietzsche sobre Schopenhauer, le saltó la idea del eterno retorno. Schopenhauer sentenciaba que una persona que firmara en la vida incondicionalmente lo haría incluso si todo lo que le había pasado le ocurriera de nuevo de forma repetida.

En unas pocas ocasiones en sus notas, Nietzsche discurre la posibilidad del Eterno retorno como verdad cosmológica (véase el libro de Arthur Danto Nietzsche como filósofo para un análisis en detalle de estos esfuerzos), pero en los trabajos que él preparó para publicar está tratado como el método más vanguardista de afirmación de la vida. Según Nietzsche, requeriría un sincero Amor fati («Amor al destino»), no simplemente para sobrellevar, sino para desear la ocurrencia del eterno retorno de todos los eventos exactamente cómo ocurrieron, todo el dolor y la alegría, lo embarazoso y la gloria, esta repetición, más de emociones y sentimientos que de hechos, es lo que configuraría el tipo y la raza universal y global del porvenir, no como una raza de las ya existentes, sino como una posibilidad abierta del hombre inacabado como especie genética y lingüística que debe ser perfilada por el eterno retorno de la superación de sus previos pensamientos y hechos.

Nietzsche menciona la idea de lo «horrible y paralizante», y también mantiene que la carga de esta idea es el peso más pesado imaginable (Das schwerste Gewicht). El deseo del eterno retorno de todos los eventos marcaría la afirmación de la vida definitiva.

Según algunos intérpretes, el eterno retorno es más que el mero concepto intelectual o reto, refleja una Koan, o una característica psicológica que ocupa la estimulación consciente etérea, una transformación de consciencia conocida como metanoia.

Alexander Nehamas escribió en Nietzsche: vida como literatura que hay tres maneras de ver el eterno retorno: (a) Mi vida volverá del mismo modo. Esto es una aproximación fatalista a la idea; (b) Mi vida puede ocurrir del mismo modo. Esta segunda visión es una aserción condicional de cosmología, pero falla al captar lo que Nietzsche se refiere en La gaya ciencia; (c) Es mi vida por re-ocurrir, entonces podría re-ocurrir sólo en idéntico modo. Nehamas muestra que esta interpretación es totalmente independiente de la física y no presupone la verdad de la cosmología. La interpretación de Nehamas es que los individuos constituyen ellos mismos a través de las acciones y la única manera de mantenerse a ellos mismos como son es vivir en una reocurrencia de acciones pasadas.

El Eterno retorno cumple pues dos funciones en la filosofía de Nietzsche. La primera es remarcar el amor a la vida. Los cristianos postulan un paraíso, Platón el mundo de las ideas. Nietzsche dice que después está otra vez la tierra, el mundo: porque no hay nada más. Por otro lado cumple una función ética. Quien acepta el Eterno Retorno, se previene y acepta sus actos. Con el dolor que puedan contraer, con el placer que puedan conllevar: no hay lugar para el arrepentimiento.

Traducción del término

Normalmente se traduce como «superhombre»; sin embargo esta traducción es errónea ya que el prefijo alemán über significa «superior» como adjetivo, o «sobre» (como el over inglés). Además Mensch significa «humano», «persona», esto es, «hombre» en términos de especie, y no de sexo. En castellano puede dar lugar a equívocos si se lo lee con mala intención. Por lo tanto, la traducción más correcta al castellano sería «suprahumano» o «lo sobrehumano», pero en el uso más convencional sería «suprahombre», o bien, «ultrahombre», tal como el filósofo Vattino lo ha sugerido.

Siempre debe recordarse que el concepto se contrapone a cualquier término sexista y al del «último hombre», el que presenciará el gran mediodía que representa el último paso de superación del hombre moral y septentrional, y la etapa final del nihilismo. Es en este sentido en que debe entenderse al super-hombre como uno de los objetivos nietzscheanos, y no como una «calidad» a la que se pueda acceder, o una «categoría» que se pueda obtener.

Visión de los sexos

Los comentarios de Nietzsche sobre las mujeres han provocado una gran polémica. El hecho de que Nietzsche también ridiculizara a los hombres y a la masculinidad no le salva de la carga del sexismo. Sin embargo, las mujeres con las que tuvo contacto dijeron que era admirable y que trataba sus ideas y consideraciones con más respeto del esperado en un hombre educado en ese período. Muchos comentarios de Nietzsche sobre las mujeres y los hombres deberían ser leídos a la luz de su revaluación de la moral y de su deseo de evolución del individualismo. Además, algunas de sus afirmaciones sobre las mujeres parecían prefigurar la crítica del post-feminismo contra las versiones primerizas del feminismo, particularmente aquellas que afirman que el feminismo ortodoxo discrimina a las propias mujeres en función de su posición social privilegiada. En este contexto, el pensamiento de Nietzsche ha sido relacionado con el opúsculo de Schopenhauer «Sobre las mujeres» (Parerga y paralipómena), habiendo sido muy probablemente influenciado por él en algún grado.

La visión de Nietzsche de la mujer no se centra en el papel de madre en potencia sino en la participación de la mujer en la construcción por su propio destino, definir la identidad de las mujeres le compete a las propias mujeres y no a los hombres. Tal vez por eso no quiso explicar su concepto de mujer. Deja a su esperanza decir «¡Quizá tendré al suprahombre en mis entrañas!» («Las jóvenes y las viejas» de Así Habló Zaratustra, libro I, sec. 18). Considerando que Nietzsche emplazaba a la creación de cosas más grandes que uno mismo como la principal tarea de la vida del ser humano, esta visión debía simpatizar consecuentemente con el desarrollo de la vida. El impulso vital de todo ser vivo, como lo sobrehumano, es el de superarse por encima de esta vida.

Nietzsche resalta el valor «real» de la mujer, no siendo ésta tan débil como aparenta y generalmente el hombre supone, de allí la frase: «¿vas con mujeres? ¡no olvides el látigo!». La situación de franca domesticación del ser humano le lleva a sugerir irónicamente esta frase malinterpretado como sexista cuando sólo quería exaltar este aspecto irreductible. De hecho, Nietzsche creía en las diferencias radicales en la esencia de los sexos como algo positivo, pues, la sexuación es un hecho biológico que, por desgracia, degenera las interpretaciones morales y metafísicas que redunda en prejuicios. Este «deber ser» o apriorismo, este «por qué» de las cosas las critica en «La Gaya Ciencia». Ambos sexos serían capaces de contribuir, cada uno a su modo definiendo su identidad, a las grandes tareas humanas

 

TRATA A LA TIERRA

Publicado: 14 noviembre, 2011 en Pensamientos

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