Archivos para 4 septiembre, 2010

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Superman se convirtió en un icono de la lucha contra la parálisis. Reeve fue un héroe dentro y fuera de la gran pantalla.

Christopher Reeve permanecerá en la memoria colectiva y cinematográfica por haber encarnado de forma magistral al súper héroe Superman en cuatro míticas películas rodadas entre 1978 y 1987.

Nacido en Nueva York en el año 1952, Reeve destacó como actor y director y, en la última etapa de su vida, como activista social. Reeve creó una fundación que lleva su nombre dedicada a ayudar a personas con parálisis.

Un papel: Superman

Ya desde temprana edadChristopher Reeve se había sentido atraído por el mundo de las artes escénicas. En su colegio cantaba en el coro, y de adulto decidió estudiar en una escuela de arte dramático para perseguir su sueño de ser actor.

Tras participar en varios seriales televisivos y obras de Broadway, apareció brevemente en algunas películas. La gran oportunidad llegó a sus manos en forma de un hombre sobrenatural: Superman. Su gran atractivo y parecido con el héroe de los cómics fue suficiente para confiar en él. Y triunfó.

La primerapelícula de Superman se rodó en el año 1978 y supuso su debut como protagonista. Era un film de alto presupuesto que contaba con estrellas de renombre en el reparto. Una de las curiosidades fue el irrisorio sueldo de Reeve, comparado con el de otras estrellas que aparecieron en la película: 250.000 dólares del protagonista contrastaban con los 14 millones que percibió Marlon Brando por su papel secundario.

A partir de la primera película de Superman, a Christopher Reeve le llovían los papeles, de roles muy distintos gracias a su gran polivalencia. Trabajó en films como Lo que queda del día (1993), junto a Anthony Hopkins, o El pueblo de los malditos (1995). Aun así, todo el mundo lo identificaba con Superman.

La tragedia

La vida de Christopher Reeve dio un vuelco cuando, el 27 de mayo del año 1995, el actor sufrió una caída a lomos de su caballo mientras disputaba una competición hípica en Virginia. A raíz del accidente se fracturó dos vértebras del cuello y se dañó la columna vertebral al seccionarse la médula espinal. Después de estar hospitalizado en un hospital universitario de Virginia, su representante hizo público que el actor había quedado afectado por parálisis múltiple. Reeve comenzaba una nueva vida a los 42 años. Su futuro estaba ligado a una silla y a un aparato de respiración artificial.

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Christopher Reeve era un gran deportista. Lo había demostrado desde adolescente: era un excelente nadador, patinador, piloto y los caballos eran su gran pasión, de hecho poseía varios ejemplares. Su metro noventa y tres centímetros, acompañado de una buena complexión física le hicieron merecedor del papel de Clark Kent. Su desgraciado accidente fue pura mala suerte: no pudo saltar un obstáculo y sobrevino la tragedia. Los fans, al saber la noticia, quedaron sobrecogidos por la traumática situación que debía afrontar quien había encarnado al Súper Hombre, al héroe más grande del cine. A ojos de los cinéfilos, nada podía con él. Pero lo cierto es que Reeve era un hombre de carne y hueso y su imagen, cada vez más, era la de un debilitado Superman.

Reeve, ejemplo de lucha

La enfermedad hizo al hombre más fuerte. Sin nunca perder la esperanza, Reeve se sometió a operaciones, e incluso se ofreció para investigaciones con tal de mejorar. La ciencia consiguió recuperar la movilidad de los dedos de su mano izquierda. En alguna ocasión había dicho: “Un día me levantaré de esta silla, la tiraré y echaré a andar”.

El actor utilizó su fama, su prestigio y su imagen para colaborar con instituciones y organismos por la lucha contra esta enfermedad. La creación de “Christopher and Dana Reeve Paralysis Foundation“, dedicada al apoyo a los enfermos de parálisis y a la investigación de la cura mediante células madre, es un ejemplo de ello.

Reeve dedicaba su tiempo a visitar a enfermos terminales y a luchar a favor de la ecología y de los más desfavorecidos. Gracias a su compromiso, Reeve fue galardonado el 27 de enero de 2004 con la Orden Bernardo O’Higgins como reconocimiento a la defensa que hizo de los actores chilenos durante el régimen militar de Pinochet. En septiembre del año anterior recibió el Premio Lasker 2003 al Servicio Público, conocido como el Nobel americano.

La muerte de un héroe

El actor dejó este mundo cuando contaba con tan sólo 52 años. Llevaba 9 inmovilizado. En 2003 y 2004 tuvo varias infecciones graves. Por una de ellas le recetaron un antibiótico que causó en el actor una reacción adversa. Finalmente Reeve fallecía un 10 de octubre de 2004 en Connecticut, víctima de un ataque cardíaco provocado por esa reacción que le había dejado en coma. Moría el hombre y nacía el icono de la lucha. Todos coincidían en que Reeve había sido un héroe, dentro y fuera de la pantalla.

Un año después de la muerte de Reeve, su fundación consiguió reparar lesiones medulares de ratones usando células madre provenientes del tejido nervioso de seres humanos, aunque las investigaciones con células madre fueron suspendidas por el gobierno de George W. Bush. Y dos años después de la muerte del actor, su mujer Dana, la que había sido su apoyo durante toda la enfermedad, moría a los 44 años víctima de un cáncer de pecho. La tragedia se cebaba, de nuevo, con los Reeve.

Publicado por Rosa Varona- 09/10/2009  en  EnMemoria.com

Este año se cumplen seis años de la muerte de un hombre que no se hundió ante su tragedia. Aprendió de ella y se hizo más fuerte. Luchó a favor de los demás, de los más desfavorecidos, por la paz, la democracia y la naturaleza. Christopher Reeve quiso cambiar el mundo, y lo hizo sólo moviendo los dedos de su mano izquierda.

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En el 2003 en su libro, TODO ES POSIBLE, Reeve demuestra que todos somos capaces de superar infortunios en apariencia irremediables; nos enseña que, para quienes gozan de un cuerpo sano, la parálisis es una opción voluntaria, una elección personal que consiste en vivir abnegado por las dudas y por el miedo a asumir riesgos, y que esa opción es inaceptable.

Reeve sabe por experiencia propia que conquistar el espacio interior es una ardua labor y que requiere sufrimiento. En este libro, en el que intercala anécdotas de su vida con fragmentos extraídos de sus discursos y entrevistas, Reeve guía sutilmente al lector, ofreciéndole sus reflexiones.

“Al principio, muchos de nuestros sueños parecen imposibles, más tarde se convierten en improbables pero de repente, cuando conseguimos la suficiente fuerza de voluntad, los sueños se vuelven inevitables.” Christopher Reeve.

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